26/04/2009

El guerrero…

Posted in Mis Relatos a 4:13 pm por interloper

guerrero… permanecía con una rodilla en el suelo. El repiqueteo constante de la lluvia sobre su castigada armadura constituía una especie de mantra que le permitía concentrarse en la plegaria que elevaba a sus ancestros.

[Un relámpago surca el oscurecido cielo, el campo de batalla se ilumina. A un lado, el ejército, a la espera, convencido de su victoria. Al otro, el guerrero, la cabeza gacha, los ojos cerrados]

Cuando la plegaria terminó, el guerrero se incorporó y tomó aire. La muerte se mezclaba con el olor del barro removido por los pies del ejército. Durante un instante, el universo entero pareció contener la respiración, mientras el guerrero levantaba la cabeza y abría los ojos. Solo después el cielo tuvo el valor suficiente para detonar el trueno. La duda encontró, momentáneamente, un lugar en la mente de parte del ejército, que no supo decidir si la tierra había temblado a causa del trueno, o ante la determinación del guerrero, que ahora desenfundaba su espada.
Algunas de las heridas del guerrero ya se habían cerrado. La mas reciente todavía dejaba escapar sangre que corría libre por su pierna derecha y se mezclaba con la tierra húmeda bajo sus pies. La armadura había recibido tantos embistes que apenas se ajustaba ya a la forma del pecho del guerrero, pero seguía ejerciendo su función. A su espalda, el estandarte de su familia todavía ondeaba al viento, desafiando al ejército.

[Cae siete veces, levántate ocho]

Los oponentes se midieron durante un instante. Sabiendo que no había nada que perder, el guerrero se lanzó a la carrera. Poco a poco al principio, y cada vez mas rápido.
[Trescientos metros.]
El casco se movía, entorpeciendo su visión, ocultando por momentos secciones del ejército, que empezaba a agistarse, en respuesta al movimiento del guerrero.
[Doscientos metros.]
Las placas de su armadura chocaban entre sí ritmicamente, cada vez mas rápido. Las gotas de agua resbalaban por el filo de la espada y escapaban por la punta. Los pies chapoteaban en el terreno húmedo.
[Cien metros.]
El ejército se preparó, las primeras filas afianzaron como pudieron sus pies en el barro, y levantaron sus armas. Solo tenían que esperar a que el guerrero se lanzase hacia su propia muerte.
[Cinco metros.]

Nada tenía ya marcha atrás. Tensando todos los músculos de su cuerpo, el guerrero saltó hacia delante, levantó la espada sobre su cabeza, y se preparó para descargar todos los golpes posibles antes de morir. Cuando estaba en el aire, llenó de aire sus pulmones y gritó. En ese mismo instante, un nuevo trueno, mucho mas potente que el anterior, ensordeció al ejército. No hubo relámpago previo.

Aquellos que en ese momento miraban al guerrero se encontraron no con la figura orgullosa pero agotada que había corrido hacia ellos, sino con el espíritu del verdadero Dios de la Guerra. Y supieron que no tenían ninguna posibilidad de vencer.

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20/10/2006

Una gota de lluvia…

Posted in Mis Relatos a 12:17 pm por interloper

… cae sobre su mejilla, y resbala hasta la barbilla. Le gusta la sensación, el agua fría deslizándose hacia abajo, templándose en su camino, hasta llegar a su meta. A su alrededor, la gente pasa resguardándose bajo los paraguas, o enfundados en impermeables, corriendo de un lado a otro, para no mojarse. Pero a él le gusta esa sensación, y avanza despacio, sin prisa alguna, puesto que no va a ningún lugar. Simplemente, contempla el mar de tela y plástico en que se ha convertido la calle, y en algún lugar de su interior, se ve a sí mismo surcándolo y llegando a alguna costa lejana, en algún continente desconocido, fueza del alcance de todo problema. De nuevo, la lluvia sobre su cara ayuda a fomentar esa sensación.

Una hora antes, mientras andaba inquieto por casa sin saber qué hacer, había empezado a escuchar un ruido sordo e irregular golpear su ventana. El parte del tiempo había anunciado un nuevo frente frío, acompañado por chubascos ocasionales. Cuando descorrió las cortinas, descubrió que el servicio meteorológico, por una vez en la vida, no se había confundido. De repente, una idea fugaz había cruzado su mente: Tenía que volver a empezar, olvidarse del pasado, y rehacer su vida. Y en ese mismo momento había decidido que hoy sería el día, y ésta, la hora. Lentamente, aunque con el corazón palpitando con fuerza, se vistió con lo primero que encontró en su armario, y salió a la calle.

Cuando termina de llover, y ya solo las últimas gotas de humedad flotan en el aire, decide volver a casa. Al entrar, la corriente hace que la puerta se cierre de golpe, y un deja-vu acude a su cabeza, como tantas otras veces. Pero en esta ocasión, todo tiene un significado distinto. Esta vez el portazo se lo da a su último mes, a su desánimo, y a su desazón. Pronto, comprende que, a través de ese inesperado paseo, ha provocado la primera herida a la rutina que había dirigido su existencia en esta última época, y que esta vez, lo que se cerraba era un ciclo espiral descendente.

Como el agua de lluvia a través de un desague.

01/10/2006

El problema…

Posted in Mis Relatos a 12:37 pm por interloper

…estaba claro: había bebido demasiado.

Tirado en la boca de un callejón, contemplaba el brillante mundo nocturno que giraba veloz a su alrededor. Seguía con mirada vidriosa a pequeños grupos de universitarios que, animados por un par de copas de más, reían a carcajada limpia al pasar a su lado. Observaba a almas solitarias que surcaban veloces la noche, ansiosos por alcanzar la compañía que sin duda se hallaba en su destino. Trataba de fijar su dispersa atención en parejas que, arrimándose entre sí, trataban de resguardarse del frío que se filtraba por sus chaquetas.

Y era este último tipo de gente la que más daño le hacía.

Hasta aquella misma tarde, él podría haber sido uno más de los miembros de esos binomios que, felices, pasaban ahora frente a él. Hasta aquella misma fría tarde de enero habría sido él quien, a la vista de un tipo como el que él mismo se había convertido, acercaba a Belén un poco más hacia si mismo en un gesto protector. Pero ahora miraba al espejo del tiempo desde el otro lado, observando lo que fue y contemplando cómo todo aquello se marchaba como una hoja arrastrada por el agua de un arroyo.

Se puso de pie y comenzó a andar sin rumbo fijo, hacia donde sus tambaleantes pasos le llevasen. A su alrededor, un mundo estable, afianzado y seguro de si mismo, de sonrientes carteles publicitarios que anunciaban decenas de innecesarios artículos, de coches que herían veloces la noche y de peatones demasiado sumidos en sus propios asuntos, le contemplaba con superioridad. Un mundo al que, hasta esa misma tarde había pertenecido, y del que había caído cuando Belén le abandonó. Al llegar a un diminuto parque perdido de la mano de Dios (maldito sea, allá donde esté) se dejó caer de rodillas en el cesped, cerca de unos jóvenes que hacían botellón mientras discutían los últimos problemas que su proyecto de fin de carrera les estaba dando.

Agarrándose el estómago con las manos, vomitó las dos botellas de wiskey que se había bebido: tanto la que encontró en el mueble-bar de su apartamento, cuyo casco ahora yacía en el suelo hecho añicos, como la que compró en la primera licorería junto a la que pasó. Sirviendo de abono para las plantas quedaron también las tres latas de cerveza del supermercado, y sus lágrimas, que habían rodado por sus mejillas hasta ceder al tirón de la gravedad. En su boca solo quedaba el amargo sabor no del vómito, sino del “Adiós” que Belén le dijo antes de dar por finalizada la discusión con un sonoro portazo. Una amargura que no venía de sus papilas gustativas, sino de lo más profundo de su alma.

El problema estaba claro: no había bebido lo suficiente.