07/10/2009

La ciencia española no necesita tijeras

Posted in Dientes de Engranaje tagged a 1:00 am por interloper

Como cada día a las seis y media de la mañana, el primero en amanecer es mi despertador. Exigente, me está pidiendo ya que me levante. Quince minutos después, consigo bajar los pies de la cama y hacer que vayan a la búsqueda de las zapatillas. Me ducho, me preparo un par de tostadas y un café bien fuerte. Tras un repaso rápido a las noticias que la blogosfera ha ido dejando en mi lector de feeds a lo largo de la noche, me termino de vestir, cogo mi ordenador portátil y salgo de casa.

El laboratorio está a una hora de viaje en transporte público. Afortunadamente, en la mochila llevo un libro con el que matar el tiempo. El reloj marca las nueve menos veinte cuantro entro por la puerta de mi despacho. Una vez allí desbloqueo el ordenador, reviso el correo, y me pongo a trabajar. Es un proyecto interesante, responde a mis expectativas, se cómo desarrollarlo, y varias presentaciones en congresos internacionales avalan mi trabajo. Descanso de quince minutos para el café de media mañana, y vuelta al trabajo. No sin antes pasar por una reunión con el director de proyecto para discutir los avances que he logrado, y marcar el siguiente objetivo de trabajo. De nuevo en el despacho, le doy al play en el reproductor de música, y empiezo a hacer una nueva busqueda de material bibliográfico para respaldar la tarea que he acordado con mi jefe que haré a partir de ahora. Imprimo los artículos (y por qué no, uno o dos que, aunque no están relacionados con mi proyecto, me han parecido interesantes) y los guardo en una carpeta. Llaman a la puerta, es la hora de comer.

Una hora y media más tarde vuelvo a sentarme frente a mi pantalla, respondo a cuatro o cinco e-mails y vuelvo a mi tarea. Tomo mediciones, hago cálculos, tacho de la lista los problemas que he ido resolviendo, apunto los hitos que he ido logrando (dentro de tres dias tendré otra reunión con mi director) y listo los nuevos problemas que me encuentro y preveo tendré que afrontar. La espalda empieza a avisarme de que llevo demasiado tiempo en mi puesto, así que miro el reloj y veo que son las siete y media. Miro por la ventana para darme cuenta de que el sol se está poniendo ya. Termino de escribir un e-mail y apunto en un post-it una idea pasajera que mañana comprobaré si es acertada o si irá a engrosar la lista de soluciones inútiles.

Antes de volver a casa, paso un rato por el gimnasio que hay a unas pocas manzanas del laboratorio. Una hora de ejercicio para mantenerse fresco, y otra hora de lectura hasta llegar a casa. Abro la nevera para ver qué tengo a mano, me preparo cualquier cosa para cenar, y después de terminarlo abro la carpeta y saco tres de los papers que he impreso por la mañana en el laboratorio. Armado con paciencia, un bolígrafo rojo, y un disco de Art Pepper de fondo, me siento en el sofá y reviso los artículos, trato de entender lo que exponen, y busco la manera en que eso puede ayudarme en mi investigación. Hago anotaciones y, para cuando quiero darme cuenta, el CD ha terminado de sonar tiempo atrás. Dejo las cosas encima de la mesa, programo el despertador, y me marcho a dormir.

En el fondo, soy uno más de muchos. Soy un investigador joven, más brillante que unos pocos y muy por detrás de otros muchos. Pero me esfuerzo y tengo ilusión. La escena descrita anteriormente la representaré de todos modos, solo puede que cambie el escenario. Si no hay dinero para la investigación en España, pasaré a engrosar las listas de “cerebros fugados”. Me gusta investigar, y lo haré allí donde me ofrezcan mejores infraestructuras, mayores facilidades, y mejor salario. Con el tiempo, los resultados de mi grupo de investigación nos servir para atraer a empresas dispuestas a introducir mejoras en sus productos, o nosotros mismos seremos emprendedores que ofrezcamos nuestros avances al mundo. En definitiva, crearemos una base económica sostenible y duradera, con cimientos profundos basados en el talento individual y colectivo. Atraeremos a investigadores de otros países que querrán trabajar con nosotros. Será el país en el que resida el que obtenga todos esos beneficios.

Por eso, la ciencia española no necesita tijeras. Al contrario, necesita nuevos refuerzos, nuevos esfuerzos, nuevos respaldos. Hace falta más dinero. La investigación es un motor que necesita más combustible para alcanzar el pleno rendimiento, y entonces no solo se podrá mantener en marcha por si mismo, sino que incluso generará un excedente de ese combustible. Sin embargo, mientras se mantenga el motor a medio gas y se estreche más la válvula de paso, lo único que se conseguirá será desaprovechar esa gasolina.

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1 comentario »

  1. Bea said,

    Entré aquí buscando la historia del bambú o algo parecido para despejarme de papers subrayados en rojo y me he encontrado con esto…
    Sinceramente me ha encantado…
    Ójala no se nos pase la ilusión porque como sigamos así va a ser lo único que nos quede. (y claro que aunque seamos jóvenes investigadores no estamos para vaciladas :P)


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