03/12/2008

La atención deficiente

Posted in Dientes de Engranaje a 12:57 am por interloper

Leía tiempo atrás en Microsiervos que el Dr. Thomas Jackson ha llevado a cabo un estudio en la Loughborough University en el que se ha demostrado que cuando estamos realizando algún tipo de actividad y un e-mail o mensaje entrante de algún tipo nos interrumpe, tardamos aproximadamente 64 segundos en retomar nuestro hilo de pensamiento, en volver a focalizar nuestra mente en la labor que estábamos llevando a cabo. Lo cual convierte a nuestro (hasta ahora) amado Gmail Notifier en un arma de distracción masiva, llegando a robarnos del orden de ocho horas semanales si revisamos el correo con relativa frecuencia.

Hoy vuelvo a encontarme, a través de la misma fuente, una cita que me hace volver a recordar un tema al que presté atención pero que, probablemente a causa de ser víctima de ello, abandoné casi tan pronto como llegó. No solo eso, sino que ahora mismo, una revista abierta a mi lado amenaza con desviar mi atención de nuevo.

Y es que la cita de Ted Selker es totalmente cierta… Después de mucho tiempo conectados a la red y pasar las horas inmersos en un oceano infinito (para nuestra percepción) de información dispersa por tantas y tantas webs (actualmente, el número de páginas web se estima por encima de los ciento ochenta y cinco millones) nuestros cerebros se van adaptando a la actividad ya más que cotidiana de ir picoteando de aquí y de allá para completar noticias o documentación, con la consecuente desviación de atención que suponen todos los contenidos que, por el camino, nos vamos encontrando. Es el “Efecto Wikipedia“. Un artículo de la Wiki contiene una referencia a otro, el cual contiene otra referencia a otros dos, que hablan de otros cuatro… Y de ese modo, en progresión geométrica, el número de artículos de la enciclopedia on-line que tenemos a la espera de ser leídos por completo no para de crecer. Dos horas y media después nos damos cuenta de que apenas hemos completado el 20% de las páginas abiertas para leer.

Personalmente, creo que esto nos lleva, irremediablemente, hacia un serio problema, cuya raiz encontramos en el libro “La economía de la atención” de Thomas H. Davenport y John C. Beck. Y cito:

La atención es un recurso finito; ningún ser humano puede prestar atención a un número infinito de cosas. Aunque parezca increíble, las investivaciones sobre la estructura y la función de la atención indican que esta restricción no se debe a una limitación de nuestra capacidad para percibir la información. Nuestro cerebro tiene una asombrosa capacidad receptiva. Podemos observar millones de bits de datos con todos nuestros sentidos simultáneamente. A decir verdad, podemos observar demasiado, tanto que incluso se nos podría indigestar.

El problema consiste en que solamente podemos realizar una o dos acciones a la vez. Podemos dirigir la mirada en una sola dirección, alcanzar algo en un solo punto en el espacio y correr una sola carrera cada vez.

Es decir, que ante una proliferación brutal de la información a la que nos encontramos expuestos, nuestro cerebro es únicamente capaz de centrarse eficazmente en unas pocas tareas, con lo que no podemos prestar atención a todo lo que nos llega. Y sin embargo, en muchas ocasiones, desearíamos tener la habilidad de hacerlo. Lo cual nos lleva al meollo de la cuestión.

Podríamos establecer cierta analogía entre el funcionamiento de un ordenador y nuestro cerebro (aunque siempre manteniendo las distancias… Los interesados en esta materia deberían leer a Penrose), y suponer que nuestra mente, al igual que el computador, funciona mediante “hilos”. Un ordenador destina (nuevamente, simplificando el modelo) un hilo a cada proceso que ejecuta. Uno para el navegador de internet, otro para el reproductor de música, otro para el procesador de textos… Igualmente, podríamos llevar esta idea al cerebro y suponer que para cada uno de los elementos a los que queremos prestar atención lanzamos un hilo, esta vez de pensamiento. Siguiendo este camino, sabemos que el ordenador, para simular que ejecuta todas sus aplicaciones a la vez, lo que hace es intercalar pequeñas partes de ejecución de cada uno de los hilos, cambiando de uno a otro de modo que, de cara al usuario, parezca que todo sucede a la vez. Sin embargo, este cambio de hilos no es gratuito, y consume tiempo de ejecución. Y si no se planifica con cuidado, y se quiere cambiar de hilo demasiado a menudo, nos encontramos con que perderemos mucho más tiempo cambiando de contexto que ejecutando instrucciones efectivas.

En el caso del cerebro, podemos establecer ciertas analogías. El dato de los 64 segundos con que abría esta entrada podría asemejarse al retardo por el cambio de hilo dentro del procesador. Y del mismo modo, suele ser habitual el que, al centrarnos en una tarea específica, no prestemos en absoluto atención a nada más de lo que nos rodea. Como si un único proceso de adueñase de nuestro procesador, no dejando a los demás ejecutarse. Por eso, llegados a ese punto, es cuando me cuestiono si no será posible que, ante un aluvión de información como al que se encuentra sometido nuestro cerebro en internet, no hará también él una mala gestión de sus propios recursos, y derivará en un problema similar al que sucede en el ordenador.

Concretamente, estoy pensando en algún tipo de variante del Trastorno por Déficit de Atención (TDA). Se trata de un tipo de síndromes que se pueden clasificar, en líneas generales, en dos grupos: con y sin hiperactividad. En el segundo caso, se le denomina TDAH. Ambos casos parecen estar, en cierto modo, en extremos contrarios. Mientras que en el TDAH los afectados tienden a la actividad motriz excesiva, en el caso contrario los niños afectados suelen parecer “lentos” y ausentes. Sin embargo, en ambos casos se comparte el nexo común de que la persona afectada por este problema no termina las actividades que comienza, y es incapaz de centrarse en nada de lo que hace durante un tiempo prolongado. ¿Podría ser entonces posible que nuestros cerebros estuviesen convirtiéndonos a los adultos dependientes de internet (porque aunque cueste reconocerlo, es lo que somos: necesitamos conocer la información del mundo que nos rodea, y lo hacemos a través de la red) en personas que, sin caer en un extremo u otro, nos encontremos en el punto medio de los TDAs?

Creo que el mejor ejemplo de todo esto está en uno de esos e-mails en cadena que dan varias vueltas a la red dia a dia… Aquí lo tenéis:

¡¡Por fin sé lo que me pasa!!
Me han diagnosticado que padezco SADAE: Síndrome de Atención Deficiente Activado por la Edad.

Se manifiesta así:
Decido lavar el coche. Al ir hacia el garaje, veo que hay correo en la mesita de la entrada. Decido echar un vistazo a las cartas antes de lavar el coche. Dejo las llaves del coche en la mesita, voy a tirar los sobres vacíos y los anuncios en el cubo de la basura y me doy cuenta de que está lleno. Decido dejar las cartas, entre las que hay una factura, en la mesita, y llevar el cubo a vaciar en el contenedor.

Entonces pienso que, ya que voy al contenedor, puedo pagar la factura con un cheque y echarlo en el buzón que está al lado del contenedor. Saco del bolsillo el talonario de cheques y veo que sólo queda uno. Voy al despacho a buscar otro talonario y encuentro sobre la mesa la Coca Cola que me estaba bebiendo y se me había quedado olvidada. Retiro la lata para que no se vierta sobre los papeles y noto que se está calentando, por lo que decido llevarla a la nevera.

Al ir hacia la cocina me fijo en que el jarrón de flores de la cómoda de la entrada está sin agua. Dejo la Coca Cola sobre la cómoda y descubro las gafas de cerca que he estado buscando toda la mañana. Decido llevarlas a mi escritorio en el despacho y después, poner agua a las flores. Llevo las gafas al despacho, lleno una jarra de agua en la cocina y de repente, veo el mando del televisor. Alguien se lo ha dejado en la mesa de la cocina. Me acuerdo que anoche lo estuvimos buscando como locos. Decido llevarlo al salón, donde debe estar, en cuanto ponga el agua a las flores. Echo un poquito de agua a las flores y la mayor parte se derrama por el suelo. Por lo tanto vuelvo a la cocina, dejo el mando sobre la mesa y cojo unos trapos para secar el agua. Voy hacia el hall tratando de recordar qué es lo que quería hacer con estos trapos.

Al final de la tarde el coche sigue sin lavar, no he pagado la factura, el cubo de la basura está lleno, hay una lata de Coca Cola caliente en la cómoda, las flores siguen sin agua, sigue habiendo un solo cheque en mi talonario, no consigo encontrar el mando de la tele ni mis gafas de cerca, hay una fea mancha en el parquet de la entrada y no tengo ni idea de dónde están las llaves del coche.

Me quedo pensando cómo puede ser que sin haber hecho nada en toda la tarde haya estado todo el rato danzando y me encuentre tan cansado.
Hazme un favor: envía este mensaje a todos los que conozcas, porque no me acuerdo bien de a quién se lo he enviado y no te rías, porque si aún no te ha llegado, ya caerás.

P.D: Perdón por la letra tan grande, pero aun no he encontrado las gafas.

¿La mejor medicina para solucionarlo? La más evidente, y a la vez, la más complicada… Esforzarnos por hacer una cosa cada vez, terminar aquello que empezamos, y no dejar que otras cosas atrapen nuestra atención antes de haber terminado aquello en lo que nos encontremos trabajando. En definitiva, acostumbrar a nuestra cabeza a funcionar como debe. ¿Imposible? No, únicamente muy complicado… Yo, para escribir este artículo, lo he logrado… Al menos, prácticamente por completo. Y ahora, mientras pensáis en ello, yo me marcho a leer unas entradas en la Wikipedia sobre e Ambystoma mexicanum y el Lockheed SR-71, antes de que algo más reclame su atención en mi cabeza.

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1 comentario »

  1. nana said,

    muy bueno, interesante………….


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